Hay cosas que no te enseñan en ningún curso de gestión, ningún libro de negocios ni ninguna maestría en gastronomía. Y una de ellas la aprendí poniéndome una nariz roja.
Sí, exactamente lo que estás leyendo. Antes de que esto suene raro: trabajo voluntariamente con Payasos de Emergencia, una ONG que hace clown hospitalario, eso de entrar a hospitales y hacer reír a niños que atraviesan momentos muy duros o personas en estado de vulnerabilidad. Y lo que viví ahí adentro cambió no solo mi manera de ser persona, sino de liderar mi negocio gastronómico.
Hoy, que se celebra el Día del Payaso Peruano, quiero contarte algo que casi nadie sabe de mí.
Cuando no hay guión, aparece la creatividad real
En gastronomía estamos acostumbradas a las recetas, los procesos, los mise en place. Todo tiene un orden. Pero en una habitación de hospital, con un niño que no quiere mirar, con una familia agotada y el tiempo encima, no hay guión. Tienes que improvisar, leer la sala, conectar en segundos.
Eso me rompió un poco al principio. Y después me liberó completamente.
Aprendí que la creatividad bajo presión no es un talento que tienes o no tienes , es un músculo que se entrena. Y la mejor forma de entrenarlo no es en una cocina con todo controlado, sino en los espacios donde nada está bajo control. Eso me hizo una líder distinta: menos rígida, más presente, más capaz de encontrar la solución dentro del caos.
El perfil gastronómico también tiene un lado humano
Durante mucho tiempo creí que mis fortalezas como emprendedora gastronómica eran la gestión, los números y las recetas. Y claro, eso importa. Pero hay algo que marca la diferencia entre un buen negocio y un negocio con alma: la capacidad de conectar con las personas.
El clown hospitalario me dio empatía en acción. Me dio herramientas para leer a mi equipo cuando están al límite. Para saber cuándo una cliente necesita más que una buena experiencia culinaria, necesita ser vista. Para entender que el liderazgo no siempre se ejerce desde la cabeza; a veces se ejerce desde la presencia.
¿Cómo puedes brindar un buen servicio si nunca fuiste bien servido?
Porque hasta para ser uun buen payaso debes estar sano desde tu niño interior.
No todo es administración. No todo es receta. A veces el ingrediente más importante que puedes poner en tu negocio eres tú, auténtica, vulnerable, creativa y dispuesta a ponerte una nariz roja si hace falta.
Lo que me llevo (y lo que te propongo)
Si tienes un proyecto gastronómico, un emprendimiento o simplemente un equipo que liderar, te hago una pregunta incómoda: ¿cuándo fue la última vez que hiciste algo que te sacó de tu zona de comodidad para ser mejor líder?
No tiene que ser un hospital. Puede ser un taller de teatro, un retiro, una causa que te mueva. Pero atrévete a salir del molde profesional un momento. Los skills que traes de vuelta son de otro nivel.
Yo lo hice. Y hoy soy mejor publicista, mejor jefa, mejor mamá y mejor persona.
¿Tú tienes alguna experiencia que haya cambiado tu manera de liderar? Cuéntame en los comentarios, me encanta leer esas historias.